Las Palmas de Gran Canaria cuenta con una nueva ordenanza de limpieza e higiene urbana que sitúa la responsabilidad ciudadana entre sus principales ejes. El Ayuntamiento refuerza los medios destinados al cuidado de la capital, pero reclama también la colaboración de los vecinos para mantener las calles limpias y evitar conductas que puedan generar problemas de salubridad.
«Nuestra casa empieza en nuestra calle». Con esta reflexión, Héctor Alemán, concejal de Higiene Urbana y Carnaval del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, resumió en Buenos Días a las 8, programa dirigido por Dulce María Facundo, la filosofía de una normativa que sustituye a la vigente desde hace unos 20 años.
La ordenanza adapta las obligaciones a los cambios experimentados por la ciudad durante ese periodo e incorpora las novedades normativas de ámbito estatal, autonómico y local. El propósito, según explicó Alemán, pasa por avanzar hacia un modelo sostenible y, sobre todo, hacia una ciudad cuidada.
Más limpieza y responsabilidad ciudadana
El concejal destacó el aumento de los recursos municipales destinados a higiene urbana. Según los datos que expuso, más de 450 operarios trabajan en las calles y se han incrementado las frecuencias de recogida de residuos.
En barrios donde la basura no se retiraba a diario, el servicio se presta ahora todos los días. También se ha ampliado el barrido en zonas donde antes se realizaba de lunes a viernes durante cuatro horas. Alemán aseguró que ahora alcanza siete horas diarias de lunes a domingo.
Sin embargo, el edil advirtió de que el incremento de medios no basta por sí solo. «La limpieza, el cuidado de la ciudad es una cuestión de todos y de todas», afirmó al defender la corresponsabilidad entre la administración y la ciudadanía.
Esa participación comienza con comportamientos cotidianos y uno de los ejemplos más claros afecta a quienes tienen mascotas.
Limpiar lo que ensucian las mascotas
Alemán fue tajante sobre las obligaciones de los propietarios cuando sus animales hacen sus necesidades en la vía pública. «Si un animal hace sus necesidades, tanto defeca como orina, hay que limpiarlo», señaló.
El responsable de Higiene Urbana incidió en las micciones, además de en la retirada de excrementos. Recordó que Las Palmas de Gran Canaria registra pocas lluvias, por lo que aquello que no se limpia puede permanecer en las calles, provocar malos olores y deteriorar las condiciones del espacio público.
La ordenanza contempla además un régimen sancionador. Alemán recalcó, no obstante, que la finalidad de la norma no es multar, sino contribuir al cuidado de la ciudad. Las sanciones quedan previstas para los casos en los que se incumplan las obligaciones recogidas en la regulación.
Alimentar animales puede favorecer plagas
La responsabilidad ciudadana se extiende también a la alimentación de animales en la calle. La nueva regulación prohíbe dar de comer a las palomas, una práctica que Alemán relacionó con la acumulación de excrementos y los problemas de insalubridad que pueden derivarse de ellos.
En el caso de los gatos, la alimentación debe realizarse dentro de colonias autorizadas. El concejal advirtió de que dejar comida en lugares no habilitados puede acabar alimentando también a ratas y favorecer la aparición de plagas. La prohibición alcanza asimismo prácticas como dar de comer a gallos o gallinas en los barrios.
Alemán enmarcó estas restricciones en la necesidad de compatibilizar el cuidado de los animales con las condiciones de higiene y salubridad que requiere el entorno urbano.
La nueva ordenanza también concede peso al reciclaje. El Ayuntamiento prevé incorporar 11.000 contenedores dentro del nuevo contrato de recogida de residuos, que se encuentra en fase de valoración de ofertas. La actuación permitirá renovar recipientes antiguos, entre ellos los destinados a la recogida selectiva, y colocarlos en zonas donde sean necesarios.
La regulación establece así un reparto de obligaciones entre el Ayuntamiento y los vecinos. La administración refuerza los recursos destinados a la limpieza y la recogida de residuos, mientras la ciudadanía debe asumir su parte en el cuidado de las calles para evitar que determinadas conductas deterioren un espacio que pertenece a todos.