«Hacer más carreteras» no resolverá la movilidad en Canarias

Marina González apuesta por priorizar el transporte colectivo ante la congestión y las limitaciones territoriales de las islas.

Sociedad

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La respuesta a los problemas de movilidad que soportan las islas no puede descansar en la construcción de nuevas carreteras. Marina González, catedrática de la Universidad de La Laguna y directora de la Cátedra de Movilidad de CajaCanarias, Cabildo de Tenerife y Universidad de La Laguna, defendió en Buenos Días a las 8, programa dirigido por Dulce María Facundo, un cambio de enfoque que dé prioridad al transporte público colectivo frente a la dependencia del coche.

 

González advirtió de que la evidencia empírica demuestra que construir más carreteras puede generar más movilidad y aumentar el número de coches. «Si hacemos más carreteras per se, vamos a conseguir más coches, más movilidad», afirmó. La especialista no descarta nuevas infraestructuras allí donde exista una necesidad prioritaria y tras estudiar cada caso, pero rechaza convertirlas en la política predominante para afrontar los problemas de tráfico.

 

Un territorio limitado

 

El planteamiento adquiere una dimensión particular en Canarias. «Las islas tienen un territorio limitado», recordó González antes de reclamar que se empiece «a pensar en otras opciones de movilidad que no sea únicamente el coche». Su propuesta contempla que el automóvil pueda utilizarse hasta un intercambiador y que desde allí el usuario continúe el trayecto en transporte colectivo.

 

La gratuidad ha contribuido a otorgar mayor protagonismo al transporte público, algo que González considera «indiscutible». Sin embargo, sostiene que actuar sobre el precio no basta. Para conseguir que los usuarios abandonen el automóvil en determinados trayectos, la guagua debe resultar competitiva también en tiempo.

 

Por ello, reclama carriles exclusivos para guaguas y vehículos de alta ocupación e intercambiadores que permitan dejar el coche y continuar el trayecto en otro medio. «Si yo voy parada en la autopista y al lado mío está parada la guagua, difícilmente me resulta atractivo», ejemplificó. El automóvil conserva ventajas como el desplazamiento puerta a puerta, la libertad para elegir la hora de salida o la posibilidad de modificar el recorrido.

 

Usuarios cautivos del coche

 

La dependencia del automóvil constituye otro de los puntos centrales de su diagnóstico. González sostiene que en numerosos trayectos los ciudadanos son «cautivos» del coche porque las alternativas pueden exigir varios transbordos o multiplicar por dos o tres el tiempo necesario para llegar al destino. Esa situación mantiene al vehículo privado como opción predominante en parte de los desplazamientos de las islas.

 

La especialista plantea actuar también sobre aquellos lugares que concentran numerosos desplazamientos a las mismas horas. Universidades, empresas, institutos y colegios deberían contar con planes de movilidad sostenible que incorporen soluciones colectivas. Entre ellas cita las guaguas de empresa, las rutas universitarias y las lanzaderas diseñadas a partir de los puntos de origen y destino de sus usuarios.

 

Alternativas antes que restricciones

 

González sitúa la existencia de una alternativa eficiente como condición previa a cualquier limitación del uso del coche. A su juicio, primero deben ofrecerse opciones capaces de competir con el automóvil y después plantear medidas que restrinjan su acceso a determinados lugares.

 

«A mí no me pueden pedir que me mude al transporte público cuando tardo tres veces, cuatro veces lo que lo hago en mi coche», indicó. La gratuidad constituye para la catedrática una política positiva, pero todavía quedan pendientes aspectos vinculados con «los tiempos», «la flexibilidad» y «los horarios». Solo cuando exista una alternativa eficiente considera posible avanzar en el trasvase desde el coche hacia la guagua y comenzar a limitar el acceso del automóvil a determinados puntos.

 

El desafío supera así la búsqueda de soluciones puntuales a los atascos. El diagnóstico de González sitúa el debate en la organización de los desplazamientos cotidianos en unas islas donde distintos usos confluyen en las mismas carreteras y a las mismas horas.