Tajogaite deja una reconstrucción pendiente cinco años después de la erupción

Los afectados afrontan en La Palma elevados costes y trabas burocráticas mientras persisten las secuelas emocionales del desastre.

Sociedad

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Cinco años después de que comenzara la erupción volcánica en Cumbre Vieja, La Palma continúa tratando de cerrar una herida que permanece abierta para muchos de los afectados. La reconstrucción avanza, pero lo hace a un ritmo menor del esperado, entre dificultades burocráticas, problemas para acceder a una vivienda y unos costes que complican recuperar parte de lo perdido.

 

La erupción comenzó el 19 de septiembre de 2021 en la zona de Cabeza Vaca, en El Paso, después de varias semanas de crisis sísmica. El volcán permaneció activo durante 85 días y obligó al desalojo de unas 7.000 personas. Cerca de 2.000 viviendas, fincas y edificaciones resultaron afectadas, con unos daños directos estimados en alrededor de 1.000 millones de euros.

 

Una vida por reconstruir

 

Fátima Ramos, de la Plataforma de Afectados por el volcán, perdió su vivienda en Los Llanos de Aridane y pudo reubicarse con su suegro en Tazacorte. Cinco años después resume así la situación: «Ahora es lo peor, es una tragedia que vives con ella».

 

Ramos reconoce que las ayudas han llegado para compensar la pérdida de viviendas, segundas residencias y fincas, aunque recuperar la vida anterior continúa siendo complicado. Los elevados costes de construcción, el encarecimiento del suelo y la escasa oferta inmobiliaria dificultan comenzar de nuevo.

 

A estas dificultades se suma la huella emocional. La afectada considera que la atención a la salud mental no ha sido suficiente y advierte de que las consecuencias permanecen con el paso del tiempo. «Llega un momento en que te va destrozando también anímicamente», relata.

 

Viviendas y barrios

 

La búsqueda de soluciones habitacionales sigue formando parte de la reconstrucción. Tras la emergencia, algunos afectados fueron alojados en hoteles y posteriormente en viviendas provisionales. El Gobierno de Canarias ha retirado 49 contenedores y cinco casas de madera, mientras se desarrollan distintas promociones públicas en municipios como Los Llanos de Aridane, El Paso y Tazacorte.

 

Para Marcelino Rodríguez, presidente de la asociación de vecinos de La Laguna, la recuperación trasciende las propiedades. Aunque consiguió salvar su vivienda, perdió el barrio tal como lo conocía al quedar dividido por la erupción. Su deseo es que pueda «volver a unir algún día», aunque admite que la situación emocional continúa siendo especialmente complicada entre las personas mayores.

 

«No dejamos de ver el volcán, el destrozo, el daño, y ese daño está ahí», señala Rodríguez. También reconoce la dificultad que supone contemplar cómo el espacio generado por la erupción despierta interés turístico mientras bajo las coladas permanecen viviendas, recuerdos y parte de la historia de los barrios afectados.

 

La memoria del volcán

 

Francisco Rodríguez, presidente de la asociación Tierra Bonita, reclama que la reconstrucción no deje en segundo plano la memoria de lo sucedido. «La memoria del volcán es importante porque allí se perdió mucho», sostiene, al tiempo que considera la erupción una «catástrofe humanitaria», pese a que no ocasionó víctimas mortales directas.

 

Rodríguez también cuestiona el modelo seguido para la recuperación y sostiene que reconstruir las explotaciones agrícolas resulta demasiado costoso para muchos propietarios. Según recoge la información, más de un tercio de las parcelas ya se ha reconstruido.

 

Cinco años después, el Valle de Aridane todavía no ha recuperado por completo la normalidad. Parte de Puerto Naos y La Bombilla continúa afectada por las emisiones de gases volcánicos, mientras las coladas permanecen como la huella física de una erupción cuyas consecuencias siguen presentes en la vida cotidiana de los afectados.