Luz Marina León: "A los años que tengo, sigo echando de menos la escuela"

A sus 74 años, la maestra jubilada recuerda una vida dedicada a la enseñanza, desde sus primeras clases con más de cincuenta alumnos hasta sus originales métodos para aprender matemáticas. Su historia reivindica la vocación docente, el papel de las mujeres y el valor de una educación cercana.

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Hay profesiones que terminan cuando llega la jubilación y otras que continúan formando parte de quienes las ejercieron durante toda su vida. A sus 74 años, Luz Marina León Escobar pertenece a este segundo grupo. Después de una extensa trayectoria dedicada a la enseñanza, todavía recuerda con cariño las aulas, las conversaciones con sus alumnos y aquellas clases en las que una pizza o una excursión al mercadillo podían convertirse en una lección de Matemáticas. Durante una emotiva entrevista con Asunción Benítez en Radio Islas – Radio Las Palmas, acompañada por integrantes de la Asociación de Mujeres Valentina, la docente jubilada ha compartido recuerdos que permiten recorrer varias décadas de la historia educativa de Canarias.

 

“A los años que tengo, sigo echando de menos la escuela”, ha confesado Luz Marina, una afirmación que resume el vínculo que mantiene con una profesión a la que llegó casi por casualidad y que terminó convirtiéndose en su verdadera vocación. La maestra ha reconocido que nunca imaginó durante su infancia que acabaría dedicándose a la docencia, pero que bastó comenzar sus estudios de Magisterio para descubrir aquello que realmente le apasionaba.

 

Una vocación que nació casi por casualidad

 

Nacida en 1952 en La Puntilla, en el entorno de La Isleta, Luz Marina creció en una familia de cuatro hermanas y comenzó su formación en colegios de Las Palmas de Gran Canaria. Tras finalizar sexto y reválida, tuvo que decidir qué camino académico seguir en una época en la que las oportunidades educativas eran mucho más limitadas, especialmente para las mujeres. Fue una compañera quien le propuso estudiar Magisterio en la antigua Escuela Normal, una decisión que cambiaría su vida.

 

«Fue una bendición, porque a partir de ahí es cuando descubrí que esto era lo que me gustaba, y no lo sabía», ha recordado. Su formación comenzó alrededor de 1969, cuando las estudiantes todavía estaban obligadas a vestir uniforme y la carrera se desarrollaba durante tres años. El último estaba dedicado fundamentalmente a las prácticas en colegios, donde las futuras maestras recibían orientación y comenzaban a asumir responsabilidades frente al alumnado.

 

Su trayectoria profesional comenzó siendo muy joven y estuvo marcada por años de interinidad hasta que, en 1979, consiguió aprobar las oposiciones. Para entonces ya estaba casada y esperaba a su primera hija. “Mi hija me trajo suerte”, ha señalado con cariño al recordar aquel examen que le permitió consolidar su futuro profesional.

 

De enseñar a cincuenta niños a convertir la vida cotidiana en Matemáticas

 

Los primeros años frente a una clase no fueron sencillos. Luz Marina ha recordado su llegada a una escuela unitaria de Portada Verde, donde tuvo que hacerse cargo de más de cincuenta alumnos de distintas edades y niveles educativos. Una realidad muy diferente a la actual, en la que una misma maestra debía impartir todas las asignaturas y adaptar las explicaciones a las necesidades de cada estudiante.

 

Sin embargo, aquellas dificultades no impidieron que desarrollara una manera muy personal de entender la enseñanza. Para ella, aprender no tenía por qué limitarse a los libros y las pizarras. Durante su etapa en Sardina, organizaba actividades fuera del aula para que sus alumnos descubrieran que los conocimientos podían aplicarse a situaciones reales. Una de sus iniciativas más recordadas consistía en llevarlos al mercadillo de Vecindario para practicar cálculos, precios, descuentos y porcentajes.

 

También utilizaba las escaleras del colegio para explicar los números enteros. Los niños subían o bajaban escalones según las operaciones que debían resolver. Y cuando llegaba el momento de aprender las fracciones, organizaba pequeñas comidas en clase: antes de disfrutar de una pizza, una tortilla o una tableta de chocolate, los alumnos tenían que demostrar que sabían dividirlas correctamente.

 

Aquellos métodos dejaron una huella que todavía permanece. Luz Marina ha explicado que continúa encontrándose con antiguos estudiantes que, décadas después, recuerdan las actividades que organizaba. Algunos incluso siguieron sus pasos y se convirtieron en docentes. Una de las mayores satisfacciones llegó cuando descubrió que uno de sus nietos tenía como tutor a un antiguo alumno suyo.

 

La educación de las mujeres y la importancia de las familias

 

Durante la conversación también hubo espacio para recordar las dificultades que afrontaban las mujeres de su generación para acceder a la educación y desarrollar una carrera profesional. Luz Marina ha reconocido que tuvo la fortuna de crecer en una familia que siempre la animó a estudiar. Su madre insistía en que debía concentrarse en su formación, sin exigirle que abandonara sus aspiraciones para asumir responsabilidades domésticas.

 

No todas las mujeres disfrutaron de esa oportunidad. La docente ha recordado que muchas compañeras tuvieron que compatibilizar su trabajo en las escuelas con el cuidado de sus hijos y las tareas del hogar, en una sociedad donde estas responsabilidades recaían principalmente sobre ellas. Aunque las maestras de su entorno continuaron ejerciendo después de casarse, las desigualdades en la vida familiar seguían presentes.

 

La relación entre los profesores y las familias constituye otra de las cuestiones sobre las que Luz Marina ha reflexionado. A su juicio, la llegada de las nuevas tecnologías ha transformado la comunicación entre padres y docentes, reduciendo parte del contacto personal que existía anteriormente. La maestra ha reivindicado especialmente las tutorías presenciales, que aprovechaba para escuchar a sus alumnos, conocer sus inquietudes y resolver los problemas que surgían dentro del grupo.

 

Una historia que demuestra el valor de escuchar a nuestros mayores

 

La presencia de Luz Marina en la radio fue impulsada por la Asociación de Mujeres Valentina, un colectivo nacido en Santa Lucía de Tirajana en 2018 con el objetivo de ofrecer espacios de encuentro, participación y apoyo a las mujeres. Durante la tertulia también intervino Gema Cerezo Sánchez, una de sus fundadoras, quien recordó los comienzos de una entidad que tuvo que abrirse camino con muy pocos recursos.

 

Desde la asociación han destacado la importancia de escuchar las historias de mujeres como Luz Marina, cuyas experiencias permiten comprender los cambios sociales y transmitir conocimientos entre generaciones. Para sus integrantes, el valor de estas conversaciones va mucho más allá del recuerdo: constituye una oportunidad para aprender, reconocer trayectorias personales y reivindicar la necesidad de mantener espacios de diálogo y acompañamiento.

 

Y es precisamente ese vínculo humano el que Luz Marina continúa encontrando en la enseñanza, incluso después de su jubilación. Sus antiguos alumnos siguen acercándose para saludarla, recordar una clase o contarle cómo les ha ido en la vida. Algunos ya tienen sus propias familias y otros han elegido la misma profesión que ella descubrió casi sin buscarla. Una historia que demuestra que el trabajo de una maestra no termina necesariamente cuando abandona las aulas, sino que puede permanecer durante décadas en la memoria de quienes aprendieron a su lado.