Entramos en un restaurante, nos sentamos y empezamos a leer la carta. Miramos los platos, preguntamos por los ingredientes y escuchamos las recomendaciones. Al cabo de un rato conocemos todas las opciones, pero seguimos sin pedir nada. Y, naturalmente, seguimos con hambre.
Algo parecido nos sucede en la vida cotidiana. Sabemos que nos vendría bien movernos más, mirar menos el móvil o escuchar sin interrumpir. Hemos leído consejos, visto vídeos y mantenido conversaciones sobre ello. Incluso podríamos explicar a otra persona lo que debería hacer. Sin embargo, pasan las semanas y continuamos actuando de la misma manera.
¿Qué nos falta para dar el paso?
A menudo, cuando pensamos en cambiar, lo primero que vemos es el esfuerzo que nos va a exigir. Caminar supone levantarse del sofá. Dejar el teléfono a un lado implica renunciar a estar pendientes de lo que ocurre. Abordar una conversación que llevamos tiempo aplazando nos expone a un momento incómodo.
El esfuerzo se presenta de inmediato. El beneficio, en cambio, puede parecernos lejano o poco concreto. Así resulta fácil dejarlo para otro día.
También influye cómo nos contamos lo que queremos hacer. «Tengo que organizarme mejor» puede acabar siendo una obligación más en una agenda ya saturada. Pensar en recuperar una tarde para disfrutarla sin estar pendientes de asuntos sin terminar nos permite reconocer qué sentido tendría ese cambio.
La diferencia está en conectar lo que hacemos con algo que nos importa.
Una persona puede querer escuchar mejor para comprender qué le está pasando a su hijo. Otra puede plantearse poner límites para dejar de aceptar compromisos que después vive con agobio. Alguien puede decidir aprender a utilizar una herramienta digital para resolver sus gestiones con más autonomía.
En cada caso hay un beneficio cercano, reconocible. Algo que ayuda a responder a una pregunta sencilla: ¿para qué me merece la pena hacer este esfuerzo?
Desde fuera resulta fácil decirle a alguien que tiene que cambiar. Lo hacemos en casa, en el trabajo y entre amigos. «Deberías cuidarte más». «Tienes que tomarte las cosas con calma». «Necesitas aprender a decir que no». Son recomendaciones que pueden estar bien intencionadas, aunque escuchar una recomendación no equivale a encontrar un motivo propio para seguirla.
Antes de insistir, podríamos interesarnos por lo que esa persona necesita y por las dificultades que encuentra. A veces estamos pidiendo un esfuerzo sin comprender cuánto le cuesta o qué apoyo le falta.
Con nosotros mismos conviene hacer una pausa parecida. Además de preguntarnos qué queremos cambiar, podemos pensar qué estamos perdiendo al seguir igual. Hay hábitos que nos resultan familiares, pero nos restan descanso, tiempo compartido o tranquilidad. Esa familiaridad puede hacer que dejemos de percibir su coste.
Comprender los beneficios tampoco elimina todas las dificultades. Hay circunstancias que limitan nuestras posibilidades y cambios para los que necesitamos ayuda. Tener un motivo claro no garantiza el resultado, aunque puede ayudarnos a empezar y a sostener el esfuerzo cuando desaparece el entusiasmo inicial.
La carta del restaurante nos permite descubrir opciones y elegir. Pero llega un momento en el que hace falta pedir.
Con los cambios cotidianos sucede algo parecido. Saber qué podríamos hacer es un comienzo. Reconocer cómo podría mejorar nuestra vida nos acerca a la decisión.
Piensa en algo que llevas tiempo aplazando: ¿qué ganarías tú si empezaras a cambiarlo?
Carlos Jiménez Cabrera
Consultor y formador
Formador y consultor especializado en el desarrollo del Liderazgo y Trabajo en Equipo. Casi 40 años de trayectoria acompañando a personas y organizaciones en procesos de cambio profundo y sostenible. He fundado y liderado más de 30 proyectos en ámbitos empresariales, sociales y deportivos, y he acompañado a más de 500 iniciativas como mentor, consultor y formador, siempre con el propósito de generar impacto real y cambios transformadores.
Autor de seis libros sobre Liderazgo y Trabajo en Equipo y comunicador con más de 20 años de trayectoria en radio.
Formador y consultor especializado en el desarrollo del Liderazgo y Trabajo en Equipo. Casi 40 años de trayectoria acompañando a personas y organizaciones en procesos de cambio profundo y sostenible. He fundado y liderado más de 30 proyectos en ámbitos empresariales, sociales y deportivos, y he acompañado a más de 500 iniciativas como mentor, consultor y formador, siempre con el propósito de generar impacto real y cambios transformadores.
Autor de seis libros sobre Liderazgo y Trabajo en Equipo y comunicador con más de 20 años de trayectoria en radio.